lunes, 10 de agosto de 2009

Desafiando el Liderazgo

Por Nancy Sánchez.
Coach Consultor

Una de las grandes satisfacciones que experimentamos en la empresa es cuando llegamos a dirigir un grupo de personas, dirigir un proyecto o tal vez cuando nos encargamos de atender una visita importante en nuestras instalaciones. En todos esos momentos nosotros estamos ejerciendo el papel de líderes. Estamos influyendo en otros y estamos brindando soluciones a problemas del negocio. Sin embargo, muchos de nosotros hemos asumido estas funciones sin tener las herramientas necesarias y sin lugar a dudas, inevitablemente, cometemos errores.
Esto, lo afirmo con propiedad. Durante mi desempeño como gerente en Recursos Humanos en varias empresas me tocó asumir retos interesantes pero creo que los resultados pudieron haber sido mejores si hubiera actuado como líder y no sólo como gerente.

Como gerente hice las cosas que había que hacer y las hice bien pero como líder me perdí la honrosa oportunidad de “tocar” la vida de las personas que hacían equipo conmigo. Especialmente mis “fieles” colaboradores. Con ellos creo que siempre estaré en deuda.

Afortunadamente, cuando dejé la empresa tomé la decisión de desafiar el Liderazgo y me formé como COACH ONTOLOGICO EMPRESARIAL en la empresa Newfield Consulting. Rafael Echeverría y Alicia Pizarro fueron mis modelos, mis maestros, mis líderes. De ellos, obtuve las herramientas y gracias a ellos también tuve el gran privilegio de formar parte del equipo docente de Newfield Consulting y asumir con gran vocación de servicio el reto de entregar modelaje como Coach Supervisora del Programa de Formación. Esto causó un gran impacto en mi vida y estoy segura que con mi desempeño he logrado impactar la vida de otros.

Ser líder no es una tarea fácil. Y menos aún entregar “modelaje” a nuestros colaboradores. Este es un gran desafío. Por eso necesitamos prepararnos para hacerlo bien, tomando en cuenta a la gente. Los líderes pueden marcar la diferencia. Si usted quiere causar un impacto significativo sobre personas, comunidades, organizaciones, debe invertir en el aprendizaje para intensificar sus aptitudes de líder

En nuestros talleres y sesiones de Coaching, pedimos a los participantes que elijan un líder a quien admiran y a quien estarían dispuestos a seguir. A partir de este ejercicio, esperamos que descubran por si mismos lo que se necesita para tener influencia sobre otros. También perseguimos otro objetivo: queremos que descubran el poder que existe en todos y cada uno de nosotros para marcar la diferencia.

Todos los participantes eligen, por lo menos, un líder que ha tenido un gran impacto en sus vidas. Algunas veces es un personaje conocido, destacado en la política, en las artes o en las ciencias, pero todos tienen algo en común han cambiado el curso de la historia: Simón Bolívar, Einstein, Mozart, Gandhi, Miguel Ángel, Andrés Bello, Copérnico, etc. En otras ocasiones es un modelo contemporáneo que sirve como ejemplo del éxito: el Papa Paulo VI, la Madre Teresa de Calcuta, Dudamel, Schumacher, el “Gato” Galarraga, etc. Y la mayoría de las veces es una persona que los ha ayudado personalmente a APRENDER: un familiar, un amigo muy cercano, un gerente, un compañero de clases, un profesor o un miembro de su comunidad. En todos ellos predominan algunas características que los hacen ser bastante diferentes a los demás. Ellos agregan valor a la vida de otros pero también a su propia vida.

Cuando las personas trabajan con líderes que valoran el Capital Humano de la organización, tienden a mostrarse significativamente más satisfechas con las medidas y estrategias de sus “modeladores” y se sienten más comprometidas emocionalmente, vitales, influyentes y poderosas. Es decir, cuando se sienten guiados o conducidos por las prácticas de los líderes ejemplares, es más probable que tengan una influencia positiva sobre la gente de la organización.
Haciendo un paralelismo con el tema ontológico del Observador expuesto por Rafael Echeverría (1) creo que podríamos hablar de tres tipos de líderes: Líderes de Primer Orden, Líderes de Segundo Orden y Líderes Transformacionales.

En mi opinión, los líderes de primer orden son aquellos que tienden a cambiar las acciones continuamente para mantener una situación estable y suelen obtener buenos desempeños a cambio de recompensas. Sin embargo se quedan atrapados por mucho tiempo en ese “circulo vicioso” entre acciones y resultados. En cambio los líderes de segundo orden son aquellos que se guían por una visión, inspiran a otros a superarse, brindan reconocimiento individual y estimulan a buscar nuevas formas de pensamiento. Cambian sus acciones con cierta sagacidad y son muy productivos. Estos gerentes tienden a ser “agudos” observadores del entorno y generan cambios en sus acciones que impactan los resultados del negocio en temas tales como: competitividad, benchmarking, diseño de nuevos productos, penetración de nuevos mercados, calidad en servicio al cliente, etc. Este tipo de líder se parece mucho a la definición tradicional de Gerente.

Por último, los líderes Transformacionales son aquellos quienes, fundamentalmente, se observan a sí mismo y modifican su SER para luego influir en la vida de otros. Dedican mucho tiempo a observar sus acciones y corregirlas. Estos líderes buscan mantener un equilibrio entre su auto observación y las observaciones que hacen del entorno. Su tarea es examinar cada resultado obtenido a la luz de sus propias fortalezas y saben distinguir las brechas que han limitado su desempeño. Esta información es vital para activar su continuo proceso de transformación. Las personas con quienes trabajan, son sus espejos, quienes le proyectan su propia imagen, no para engrandecerse o endiosarse, sino para transformarse a sí mismo y así transformar a los demás.

Considerar el liderazgo como un reto contribuye a fomentar la audacia psicológica, y el desafío es el ingrediente clave para que las personas disfruten con lo que hacen. El desafío también es crucial para el aprendizaje y el desarrollo de carrera. Los trabajos aburridos y rutinarios no contribuyen a mejorar las aptitudes y competencias, y tampoco promueven un avance en la carrera. Es necesario esforzarse. Es bueno aprovechar cualquier oportunidad para probarse en tareas nuevas y complejas. Por eso, la experiencia puede ser el mejor maestro, siempre y cuando tenga el elemento de desafío personal.


(1) Rafael Echeverría (1995) Ontología del Lenguaje. Editorial Dolmen. Santiago de Chile,

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